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La escritura es un estado

Elma S. Vega

Una restricción provechosa

A estas alturas del confinamiento ¿cómo lo lleváis? ¿Cómo va vuestra salud física y mental? Mientras recapacitáis, voy a contaros cómo lo llevo yo. 

En general, lo llevo bien. En cuanto a la salud física estoy gozando de una mejora sustancial gracias al tratamiento experimental que me realizan en el HUCA. Por desgracia, esta quedó mermada porque los fisioterapeutas no trabajan, privándome de una de las terapias que necesito. No tengo más recurso para sobrellevar la situación y evitar me repercuta en el bienestar emocional que extremar los cuidados al máximo. Conque he tenido que tomar una serie de medidas restrictivas para poder seguir activa.

En el ámbito literario, dentro del espectro que requiere toda vocación u oficio —crear, compartir y aprender—, he elegido tres cosas, una de cada parcela. Esta decisión afecta a la regularidad de mis publicaciones en este medio.

En consecuencia, el fruto de la creación de momento será inédito. El objetivo es poder terminar la novela juvenil que hace tiempo traigo entre manos. Por el contrario, en lo relativo a compartir elegí una de las posibilidades que ofrece la red. La Asociación de Discapacitados de Avilés y Comarca (DIFAC) me propuso realizar un Club de lectura online para sus socios, entre los que me encuentro. Estos días estoy ocupada de lleno creando un grupo de Facebook para gestionarlo. Y en último término y esencial, la parte del aprendizaje la satisfaré cumpliendo una aspiración añeja. A final de verano me aplicaré en un curso de poesía, género literario que más admiro. 

Sabed que esta decisión la tomé tras meditar y teniendo en cuenta que en estos tiempos hay entretenimiento telemático para todo gusto y edad. Si los hados lo permiten, compartiré con vosotros la cosecha que obtenga. Entre tanto, en Facebook haré publicaciones esporádicas de diversa naturaleza sin orden ni día concretos. Será en mi blog personal donde intentaré, dentro de lo posible, aplicarme más.

Para terminar, os agradezco infinito vuestra fidelidad. Hace cuatro años que publiqué los primeros microcuentos. Gracias a ellos descubrí una faceta más como escritora, me acercaron a vosotros y conocí al ilustrador Gustavo Mazali. Con él estoy haciendo una serie de humor gráfico que confío podamos mostraros próximamente. Me despido tomándome la libertad de daros un consejo: no os dejéis abrumar por estar confinados. Pongamos en orden no solo las casas, sino nuestro mundo interior. Ese mundo interior donde bulle lo que en verdad somos.

Imagen: Fototeca personal
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¿Y este blog?

En 2007 comencé a escribir un blog sobre alfarería asturiana. Por aquel tiempo me documentaba para un trabajo sobre el tema que generó, entre otras cosas, una obra de teatro juvenil: El enigma del palacio de Bao.   Ya entonces, me propuse crear uno acorde con mi actividad literaria. Sin embargo, han tenido que pasar varios años, ocurrir muchas cosas y aclarar algunas dudas sobre si lanzar una bitácora más a la saturada blogosfera para que me decida.

Lo hago, por fin, tras los múltiples agradecimientos que recibo por publicar cada mañana un microcuento en la red social Facebook y el ruego continuo de que no deje de hacerlo. Al parecer, han ayudado a mucha gente a superar circunstancias adversas, a distraerla de sus preocupaciones o, simplemente, a recibir la mañana con una sonrisa. De modo que los he recopilado y publicado en la categoría Microcuento. A ellos se sumarán otros e iré añadiendo nuevas entradas en las que abordaré temas de actualidad, opiniones sobre libros, autores, reflexiones y escenas autobiográficas con las que puedas identificarte. Por tanto, que tú leas lo que publico será determinante para que este apartado siga creciendo.

En definitiva, me importa saber si te gusta este blog que da voz a una escritora que, desde muy joven, siente íntimamente la escritura. Porque como anotó el poeta José Ángel Valente en Diario anónimo (1959- 2000)  “La escritura no es un acto, es un estado”. Un estado que tarde o temprano exige ser compartido con lectores, en una relación en la que ambos crezcamos.

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Sin eufemismos

Han pasado meses desde la última vez que escribí sobre el Covid. Salvo que España ya no está en Estado de Alarma y que somos libres para salir de nuestras casas, poco ha cambiado desde entonces.


El virus que masacra a miles de personas en este planeta no es solo una amenaza, como dicen ahora eufemísticamente algunos políticos, es un peligro evidente. Ni tampoco surgen brotes, lo que ocurre es que el virus se sigue propagando. Encuentra un cuerpo desprotegido y se instala. Posee mentalidad de okupa.


A estas alturas de pandemia, tenemos elementos suficientes para tener consciencia de esta realidad. Sorprendente, entonces, que haya quien ose no ponerse la mascarilla en situaciones de riesgo para él o para los demás. Quien no siga las medidas de higiene y, ya puestos, quien corra a abrazarte si viene al caso.


A mí me resulta difícil no abrazar. Necesito el contacto directo, acompañar mis sentimientos con gestos, pero ahora me contengo. Si me encuentro con alguien querido (siempre y cuando ambos traigamos mascarilla) le choco el codo. De momento, es lo equivalente al abrazo. Debo conformarme.


Creo que esa es la lección que deberíamos haber aprendido con esta experiencia. Conformarnos ante lo inevitable. Asumir, responsabilizarnos de nuestro comportamiento. No le facilitemos al Covid_19_instalarse en nuestros cuerpos, evitemos ser transmisores. Es lo único que podemos hacer mientras se descubre una vacuna. Es lo único que podemos hacer para que todos podamos volver a abrazarnos cuanto antes.

Imagen: Playa de Santa Marina, Ribeseya, Fototeca propia

Afecciones de los más afectados

—Oye, ¿tú ya sabes cómo sacarás a tus mayores cuando llegue el momento?
—Dependiendo de lo que se tarde en camilla, silla de ruedas, con andador o en brazos.

Ilustración: Tumbrl, Autor anónimo.

Cuanto más irresponsable es uno más responsabilidad exige a los demás”.

Ilustración: Pascual Campion

“Qué pena que tengamos límites en el cuerpo, qué pena, pensaba”.

LÍDIA JORGE

Estuario

Ilustración: Anónimo

Invitación a la vida

Os dejo por unos días. Tengo que acudir al Hospital de Día Médico del HUCA para que me administren el tratamiento habitual. Como veis, no todo es caos en los hospitales. El tratamiento me revuelve, no podré saludaros cada mañana como me gusta hacer, así que os dejo un poco de aliento para los días sucesivos con unas palabras de alguien a quien imitar: la naturaleza.


«Mientras permanecéis confinados, ha disminuido la contaminación atmosférica y acústica. Como agradecimiento voy a alegraros la vista y los oídos. Abrid las ventanas para mirar lo exultante que estoy; observad los árboles y los parterres, las flores, escuchad el canto de los pájaros. Aprended, cómo yo, a renacer con cada primavera.»


Cada vez que os dé un bajón acordaos de la fuerza de la naturaleza. Cuanto más cooperativos seamos, primero saldremos a disfrutarla.

Salud y hasta la próxima.

Ilustración: Fototeca Personal

Placer cotidiano desconocido

-¡Pensar que yo disponía de este placer sin salir de casa, Rey!
-«¡Pobres humanos! Necesitan que les mate un virus para apreciar lo bueno de la vida».

Ilustración: Yayao Ma

Los que no sanan

Estos días pasados no pude saludaros, mi cuerpo requirió toda mi energía mental. Confío que vosotros sigáis como siempre confinados, libres del mal y con ánimo. Aprovecho el motivo por el que no publiqué para comentaros una situación consecuencia del confinamiento y de la que apenas se habla. Cómo estamos y nos sentimos los enfermos crónicos severos. Se habla de forma velada de «dependientes», siempre detrás de «Los mayores». ¡Pobres mayores, tan abandonados que los teníamos y mira tú ahora por qué cobran protagonismo! Los enfermos discapacitados estamos mal y nos sentimos mal. Estamos mal porque nuestros fisioterapeutas no trabajan, los hospitales han suspendido consultas y tratamientos, la alimentación especial escasea, faltan medicamentos, los que nos cuidan son personas mayores, las asociaciones de discapacitados a las que pertenecemos y que nos ayudan a realizar tareas administrativas, legislativas, psicológicas, talleres o actividades han cerrado sus locales. En definitiva, nuestras dolencias se acrecientan, nuestra dependencia aumenta, los remedios son menores, el aislamiento es mayor. No estoy hablando de mí, no creáis. Soy una enferma privilegiada y, si bien, me afectan un par de cosas de las anteriores, son otros mis problemas que por su excepcionalidad omito y muchas mis posibilidades de entretenimiento y comunicación, parte de las cuales todos conocéis. Pero por solidaridad quiero ser la voz de todas esas personas menos afortunadas que yo y cuyos problemas el covid 19 vino a acrecentar.

Imagen: Fototeca particular

Vivir el presente

-Ha tenido que pararse el mundo para que los humanos os deis cuenta de que si no vivís el hoy no llegáis al mañana.

Ilustración: Anónimo

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